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Hoy en día un gran porcentaje de matrimonios terminan en divorcio, con
altos costos emocionales, legales y económicos, y en cada vez más
parejas se observa cierta desconfianza para considerar al matrimonio parte de
sus proyectos. Ante este panorama, los jóvenes están en la búsqueda
de otras formas de hacer pareja, donde no medie un contrato legal pero sí
cierta seguridad y estabilidad emocional en relaciones menos rígidas y
demandantes. Algunas personas acceden a la unión libre como una forma de
probar si funcionarán como pareja matrimonial, antes de aventurarse a firmar
un documento. También, cada vez se advierte con mayor claridad que la relación
de pareja será estable en la medida en que satisfaga las necesidades emocionales,
psicológicas, intelectuales y físicas de sus miembros, independientemente
de que exista o no la legalidad de por medio. De ahí que la unión
libre sea una de tantas opciones para buscar establecer un compromiso más
serio.
La unión libre no está reconocida legalmente, por lo que no implica
ningún derecho ni obligación legal, salvo la que establezca la
pareja misma. Sin embargo, y por ley, la pareja heterosexual soltera, sin impedimento
legal para casarse y que a lo largo de dos años haya cohabitado en un
mismo domicilio, será considerada como concubinato.
Algunas personas opinan que si de verdad hay amor, no es necesario sacerdote,
juez ni autoridad religiosa o civil, por lo que deciden establecer su unión
de manera libre, es decir, no institucionalizan su relación por medio
de un matrimonio.
Ya sea por miedos personales al compromiso y responsabilidad, la edad, necesidad
de madurar o el simple deseo de compartir la vida con alguien sin complicaciones,
la unión libre ha tomado fuerza desde los años 60, aunque en México
existe desde mucho antes con la etiqueta: “robarse a la muchacha, vivir
con ella y si te gusta te casas, si no, la devuelves a su casa”.
No obstante, una de las situaciones que impacta a nivel emocional a la pareja,
es el estereotipo social. Desafortunadamente se tiene que lidiar con preceptos
sociales que no cambian tan rápido. A la unión libre se le cuestiona
porque aparentemente no es algo seguro, formal, serio y estable, como se suele
creer del matrimonio con boda civil y religiosa.
Vivir en unión libre es una de las formas más juzgadas de conformar
una pareja, debido a que nuestra sociedad maneja una doble moral que obstaculiza
las libertades individuales.
En este marco, cuando una mujer decide unirse con su pareja casi siempre la
presión principal es de sus padres, quienes no están de acuerdo
con la supuesta falta de compromiso, mucho menos ‘eso de unirse sin papel
de por medio’. A esto se añade que a la mujer se le educa desde
la infancia a ser madre y esposa, entonces, al no haber matrimonio ¿cómo
podrá realizarse como mujer-madre-esposa? por tanto, no es bien visto
que decida unirse sin que medie el matrimonio, pues no entra en las normas sociales
‘deseables y aceptables’.
Unirse a una pareja es una de las decisiones más importantes y de mayor
trascendencia en la vida. Sin importar edad o género, para cualquier
individuo que desea compartir con alguien sus momentos e intimidad, la unión
libre es una alternativa y oportunidad para conocer al otro, para saber qué
le gusta y cómo se puede convivir con la pareja.
A veces, la idea de vivir en unión libre está más arraigada
en algunos jóvenes durante la etapa de elección de pareja, por
lo que necesitan saber si su compañero es realmente compatible con ellos.
Esto se debe a que ya no creen en las instituciones y por ende, tampoco en el
matrimonio, como lo hicieron sus abuelos o sus padres, lo cuestionan y ven como
algo asfixiante o retrogrado. Actualmente, la idea de ‘para toda la vida’
se ha ido difuminando, lo que ha resultado en la flexibilización de los
esquemas de comportamiento social, que ahora permiten que las personas sean
libres de elegir a su pareja y cómo desean unirse a ella.
Otra idea que predomina es que nuestra sociedad es tan consumista y tecnificada
que ha generado deshumanización y, por lo tanto, al no haber trato social
no sabemos cómo relacionarnos con los demás. Esto genera los famosos
miedos al compromiso. La relación de pareja, en teoría, toma en
cuenta que son dos personas con los mismos derechos y obligaciones económicas,
sociales y familiares; deben relacionarse como iguales y fungir un rol cada
uno, sin embargo, lo común es que se definan sus reglas y normas de acuerdo
a las necesidades de cada uno y su propia dinámica. En este sentido,
la influencia social es tan importante que condiciona las relaciones de pareja
y no apoya al individuo, sino a los prejuicios y estereotipos que sobre la vida
en pareja se han alimentado de generación en generación, ante
esto la unión libre ha sido vista como una forma rebelde, anómala
y clandestina de formar una vida en común, aunque cabe aclarar que el
estereotipo se presenta sobre todo en la pareja pero también puede alcanzar
a los hijos, incluso los mismos familiares ejercen cierta presión al
cuestionar a la pareja.
Ahora bien, ¿qué sucede cuando uno de los dos miembros está
inconforme con esta relación?
Cuando la relación emocional lleva más de cinco años es
común que la pareja ya haya experimentado su sexualidad, particularmente
en los primeros tres años de vivir juntos. A partir de aquí suelen
presentarse conflictos debido, en parte, a que la pareja atraviesa por una etapa
crítica en la que el enamoramiento seguramente ha acabado y se empieza
a observar objetivamente al compañero, lo que puede generar desilusión
e insatisfacciones económicas, sexual, de hábitos personales,
juegos de poder, miedos, presiones familiares, hijos, cuestiones laborales,
horarios, etcétera.
Otro de los grandes problemas que se presenta es cuando uno de los miembros
no toma en serio la relación de pareja. Esto sí es un lío
porque se comprometen de forma dispar, no tienen las mismas bases ni consolidan
su compromiso libre, su responsabilidad para con el otro, ni pueden fincar expectativas
de vida.
En estos casos lo mejor es aclarar las reglas del juego desde el principio,
para que nadie se lleve sorpresas después de uno o dos años. El
compromiso en una relación implica entrega, responsabilidad, reciprocidad,
dar y recibir, sin embargo, algunas de estas relaciones implican experimentación
y aprendizaje continuo que puede tener un costo elevado, como la ruptura definitiva.
En este sentido, es importante considerar que realizar un proyecto de vida comprometido
con otra persona, ya sea en unión libre o matrimonio, es la base para
que funcione y se pueda compartir lo que se es y se tiene.
CANALIZACIONES:
- Instituto Nacional de Estudios de Pareja, AC, INEP.
Tels. 56 51 21 79 y 56 80 24 21.
- Atención y Tratamiento Psicológico.
Tels. 55 19 37 53 y 55 38 71 61.
- Fundación de Estudios Interdisciplinarios en Salud Integral, AC, MESI.
Tel. 11 07 77 16.